PEDAGOGÍA WALDORF
En estos últimos años han adquirido gran popularidad
aquellos tipos de pedagogía que se han alejado de lo convencional, dando paso a
nuevos paradigmas implicados en el proceso de enseñanza-aprendizaje conocidos
como pedagogía alternativa. Ejemplos de ello, pueden ser la pedagogía Waldorf,
el Método Montessori, las escuelas democráticas, el Aprendizaje Basado en
Problemas (ABP) o las Escuelas Libres son claros ejemplos. Incluso en 2013 se
abrió Ludus, el primer directorio web en España para localizar escuelas en las
que se imparten otras opciones educativas. Actualmente tiene un catálogo de 855
proyectos.
En este artículo vamos a centrarnos en uno de estos
proyectos educativos que ha ido ganando peso con el tiempo, me refiero a la
pedagogía Waldorf.
Pero, ¿Qué es y en
qué consiste exactamente este sistema educativo?
Aunque este tipo de pedagogía alternativa nos suene
como algo muy novedoso, lo cierto es que, se empezó a idear justo tras la
finalización de la Primera Guerra Mundial (1919), por el doctor en Filosofía y
Letras austriaco Rudolf Steiner, por encargo del Propietario de la tabacalera
Waldorf-Astoria Cigarrette Company en Stuttgart Emil Molt, para que organizase
una escuela libre para los hijos de sus trabajadores.
Este método se basa en la realización de dinámicas que
fomentan el aprendizaje cooperativo e individualizado en donde los alumnos y
alumnas pasan a ser sujetos activos de su propio aprendizaje. La integración y
la participación total de las familias, adaptación al alumno según su proceso
madurativo, son algunas de las claves de este método, a diferencia de la
homogenización y estandarización, a excepción de los alumnos con algún tipo de
trastorno de aprendizaje, del sistema educativo tradicional.
Otro de los
principios de este método es que no hay exámenes, material didáctico
externo, como los libros de texto, ni deberes, si no que el material se diseña
por el propio centro bajo el amparo de un currículo oficial, pero adaptado a
los ritmos de aprendizaje de cada alumno, ya que se construye en torno a una
perspectiva trasversal y holística fomentando la creatividad y el espíritu
crítico.
En cuanto a sus contenidos llama la atención, la
importancia que se da a las competencias artísticas, ya que, además de las
materias que se imparten dentro del currículum oficial, como teatro, pintura o
danza hay que añadir los trabajos y talleres de artesanía. Además, se empieza
impartir idiomas, sobretodo inglés y alemán desde edades muy tempranas.
¿Cuáles son las
etapas educativas en la Pedagogía Waldorf?
La pedagogía alternativa Waldorf se imparte desde
edades muy tempranas, concretamente desde los 0 hasta los 21 años y dividas en
tres etapas: Jardín de infancia, Edad escolar y edad joven y adulta.
Primera Etapa,
Jardín de Infancia (de 0 a 7 años)
Se centra en el desarrollo de la psicomotricidad fina
y gruesa, la habilidad visoespacial y conocimiento del entorno físico que les
rodea. Para conseguir esto, las escuelas Waldorf, crean ambientes que dan
cabida a la gamificación, a la cocina y a diversos talleres.
Segunda Etapa,
edad escolar (de 7 a 14 años) Esta
fase gira entorno
a la creatividad y la imaginación. El docente debe de
impartir las áreas de matemáticas, idiomas o conocimiento del medio a través de
juegos o invención de historias que fomenten la creatividad.
Tercera Etapa,
edad joven y adulta (de 14 a 21 años)
Aquí se trata de cimentar su personalidad y se motiva
el espíritu crítico. En esta etapa, los educadores deben de motivar a los
alumnos para que emitan juicios de valor sobre el mundo que los rodea.
En definitiva esta es otra de las muchas alternativas
a la enseñanza tradicional que podemos
encontrar, aunque hay un largo camino por recorrer, ya que, lo ideal sería ir
introduciendo de forma progresiva estas
metodologías en la escuela pública para sea accesible para todos.
PEDAGOGÍA REGGIO EMILIA
Reggio Emilia concibe al niño como
potencialmente preparado, curioso e interesado para construir su aprendizaje,
utilizando lo que el ambiente le tiende en su interacción social. Desde el
punto de vista metodológico, desarrolla el intelecto del niño a través de la
expresión simbólica, estimulándolo a explorar su medio ambiente y a utilizar
sus mil lenguajes: palabra, movimiento, dibujo, pintura, construcción, teatro
de sombras, drama, música, escultura. De igual manera, respeta el ritmo de cada
niño, sin apresurarlos a cambiar de actividad.
Esta filosofía concibe como indispensable el
bienestar emocional del niño para que pueda aprender, y de igual forma, el
bienestar de la educadora y padres de familia. Propone además que la utilización
del espacio, la ambientación y el material deben favorecer la comunicación y la
relación entre los niños, así como actividades que promuevan diversas opciones
y la solución de problemas en el proceso de aprendizaje.
Los principios básicos de esta filosofía son:
El niño como protagonista: los niños y las niñas son fuertes, ricos, capaces e
interesados por establecer relaciones; tienen preparación, potencial,
curiosidad e interés en construir su aprendizaje y negociar en su ambiente.
Docente competente, colaborador, investigador y
guía: los docentes acompañan a los niños en la exploración de temas,
proyectos, investigaciones y construcción de aprendizaje.
Espacio como tercer maestro: el
diseño y el uso del espacio promueve relaciones, comunicaciones y encuentros
(Gandini, 1993). Hay un orden y belleza implícito en el diseño y organización
del espacio, equipo y materiales en una escuela (Lewin, 1995). Cada esquina de
cada espacio tiene su identidad y propósito, y es valorado por niños y adultos.
Las familias como aliadas: la
participación de las familias es vital, los padres tienen un rol activo en las
experiencias de aprendizaje de los niños y ayudan a asegurar el bienestar de
los niños en la escuela.
La documentación pedagógica: se utiliza
como forma de hacer visibles a los niños y adultos como co-constructores de
cultura y conocimiento. La documentación tiene muchos objetivos: hace a los
padres conscientes de las experiencias de sus hijos; permite a los docentes
entender mejor a los niños, evaluar su propio trabajo y compartir con los
colegas.
Características del docente:
Tiene el papel de formarse continuamente sintiendo
la necesidad de enriquecerse cada día más, dando lugar a la reflexión de sus
pensamientos. De esta manera, se podría decir que los docentes se rigen bajo
una concepción constructivista.
Por otro lado, el docente tiene la capacidad de
escuchar al niño, dejándolo tomar la iniciativa y guiándolo de una forma
productiva. Es debido a esto que se menciona que los docentes van a las
escuelas a aprender con los niños e investigar permanentemente sin llegar a
conclusiones descriptivas, sino que documentan narraciones de proyectos reales
del día a día.
Características del alumno
Construye su identidad y aprende a interactuar con
los demás y el entorno en el que vive.
Es educado en el respeto consigo mismo y con los
demás, tolerando distintas razas, culturas, nacionalidades, etc.
Está en constante construcción de sus conocimientos
de manera libre, pero orientado por el docente y por ende, esta construcción
tiene mucha más riqueza, ya que es él mismo el que descubre nueva información y
la conecta con información ya establecida.
Características del aula
Dentro de las aulas, debe haber un máximo de 25
niños y dos maestros que trabajen conjuntamente.
También se encuentran muchos objetos pequeños y
grandes, inventados por los educadores y padres de familia y que no se
encuentran en el mercado, para así enriquecer más el desarrollo del niño.
Los muros son usados para hacer exposiciones cortas
o permanentes de los niños y adultos, y estos no son rellenados en su
totalidad. Por este motivo las paredes son blancas generalmente para dar paz y
tranquilidad.
Los educadores trabajan en equipo y es así que
hacen proyectos conjuntamente con las familias u otros docentes manteniendo
reuniones semanales para mejorar su enseñanza.
MÉTODO MONTESSORI
Pedagoga,
científica, médica, psicóloga y filósofa italiana creadora del “método
Montessori”, que renovó la enseñanza de niños y adultos.
Para
María Montessori, los niños absorben como “esponjas” todas las informaciones
que requieren y necesitan para su actuación en la vida diaria. El niño aprende
a hablar, escribir y leer de la misma manera que lo hace al gatear, caminar,
correr, etc, es decir, de forma espontánea.
El
método Montessori, se basa en el respeto por el niño y su capacidad de
aprender, donde el gran objetivo de la escuela es el cultivar en sus alumnos el
deseo natural por aprender. El maestro ejerce una figura de guía, que potencia
o propone desafíos, logrando que los alumnos sean participantes activos de su
enseñanza y aprendizaje. Entre sus principios destacan la libertad, la
actividad y la individualidad.
El ambiente en la filosofía Montessori, no
incita a la competencia entre compañeros; sino, por el contrario, apunta a que
se respete y valore el logro de cada alumno en su momento y ritmo oportuno. El
silencio y la movilidad son elementos indispensables en esta metodología, de
manera que los niños puedan experimentar con todo el material y mobiliario del
entorno, siendo este adecuado al tamaño del niño. El error, equivocación o
falta, es considerado como parte del aprendizaje del niño, por ello, no es
castigado o señalado, sino, valorado e integrado como una etapa del proceso.
Además, se suele estimular a que el niño haga siempre una auto-evaluación.
Rol del maestro:
ü Conocer a fondo cada una de las
necesidades intelectuales, físicas y psicológicas en cada periodo de desarrollo
del niño.
ü Conocer y manejar correctamente el
uso y los objetivos del material o actividad que se requiera para lograr un
desarrollo armónico y adecuado del niño de acuerdo a su edad.
ü Tener actitud activa cuando se pone
al niño en contacto con el material por primera vez y pasiva cuando este
contacto ya se haya logrado.
ü Mantener el ambiente siempre limpio
y ordenado.
ü Atender y escuchar en donde se le
llama, así como respetar el trabajo y los errores de quienes trabajan.
ü Lograr despertar en el niño,
independencia e imaginación durante su desarrollo.
ü Generar en el niño, autodisciplina,
bondad y cortesía.
ü Guiar al niño para que éste aprenda
a observar, a cuestionarse y a explorar sus ideas de forma independiente,
motivando su interés por la cultura y las ciencias.
Rol del alumno:
ü Ejecutar y lograr sus actividades
con autonomía.
ü Elegir y usar los materiales para
construir su propio aprendizaje.
ü Establecer la cooperación y la
ayuda mutua.
ü Desarrollar su creatividad a partir
de la realidad.
Las cuatro áreas del
método Montessori:
1.
Vida práctica: Ayuda al niño a desarrollar
coordinación, concentración, independencia, orden y disciplina. Abarca los
ejercicios para la relación social, la tolerancia y la cortesía, el control
perfecto y refinamiento del movimiento.
2.
Educación sensorial: Se refiere al desarrollo y al
refinamiento de los cinco sentidos: vista, sonido, tacto, olor y gusto. El
propósito de los ejercicios es educar los sentidos, así el niño puede aprender
sobre el ambiente y ser capaz de discriminar sus aspectos más sutiles.
3.
Habilidades de la lengua, lectura y
escritura: El
primer paso hacia la lectura y la escritura es sensorial. Los niños utilizan su
dedo índice para conocer sensorialmente cada letra a través del uso de letras
contorneadas con papel de lija; esto les ayuda a reconocer las formas
geométricas, al mismo tiempo que desarrolla su destreza y aprenden las letras
fonéticamente. Luego, se sustituye el dedo por un lápiz, para más adelante
lograr escribir; siempre con la premisa de que el aprendizaje de la lectura y
la escritura se logra en el niño de forma natural.
4.
Matemáticas, introducción a los
números: Una vez
más la introducción a los números y a las matemáticas es sensorial. El niño
aprende a asociar los números a las cantidades, trasladándose gradualmente a
formas más abstractas de representación. La educación temprana de este sentido,
ayuda al niño a poner la base para la lectura y el aprendizaje de las
matemáticas. Las actividades desarrolladas con los materiales sensoriales hacen
que el niño pase “de lo concreto a lo abstracto” y le ayude a discriminar
tamaños, colores, formas, peso, etc.
Sobre el ambiente,
materiales y recursos:
En
el método Montessori, los salones son espacios amplios y luminosos, que
incluyen flores y plantas en un orden absoluto. Los ambientes están diseñados
para estimular el deseo del conocimiento y la independencia en los niños.
Asimismo, los pequeños pueden intercambiar ideas y experiencias en medio de un
ambiente especialmente preparado para ellos, con muebles, materiales e
infraestructura a su alcance.
Dentro
de este ambiente preparado, los niños están libres de elegir sus propios
materiales y actividades, cambiar de actividades, sentarse en las sillas o
arrodillarse en las mantas, pueden moverse libremente por el cuarto, trabajar
solos o con otros, siempre y cuando su seguridad no esté implicada y respeten
los derechos de los demás. “El niño debe estar libre”, dijo la Dra. Montessori,
debe estar libre para tomar sus decisiones y hacer sus descubrimientos
aprendiendo por sí mismo: “la única disciplina verdadera es la de uno mismo”.
Características
básicas del ambiente:
-
Proporcionado: A las dimensiones y
fuerzas del niño.
-
Limitado: En cuanto a que el mismo
ambiente dirija al niño hacia el conocimiento y lo ayude a ordenar sus ideas y
aclare su mente.
-
Sencillo: En la calidad de las cosas
y en la línea de las formas. Debe tener un contenido elemental, esto es, que
exista lo suficiente y lo necesario.
-
Delatador del error: El poder darse
cuenta del error lleva al niño a un razonamiento cada vez mayor, pudiendo medir
las consecuencias de sus acciones.
-
Lavable: Para que el niño pueda
mantener limpio y cuidado el ambiente.
Todo
el material es natural, atractivo, progresivo y con su propio control de error.
Los materiales son elaborados científicamente, adecuados al tamaño de los
niños, todos tienen un objetivo de aprendizaje específico y están diseñados con
elementos naturales como madera, vidrio y metal. Estos exigen movimientos
dirigidos por la inteligencia hacia un fin definido y constituyen un punto de
contacto entre la mente del niño y una realidad externa, permitiéndoles
realizar gradualmente ejercicios de mayor dificultad.
MÉTODO AUCOUTURIER
Es una metodología o
práctica nacida en Francia en la década de los 70, está basada en el concepto
de psicomotricidad, proceso de maduración que corresponde a un periodo del
desarrollo infantil en el cual la sensoriomotricidad es inseparable de la
génesis de los procesos psíquicos conscientes e inconscientes, es decir, con la
generación del pensamiento. En dicho periodo el niño necesita del movimiento
para poder pensar, o incluso, en momentos tempranos, la propia acción se
identifica como pensamiento; estadío básico para el desarrollo de la
personalidad, de la futura manera de pensar y actuar, por lo que es vital la
creación de un marco metodológico y pedagógico adecuado para que el movimiento
pueda desarrollar el pensamiento.
Bernard Aucouturier ideó este marco para la
práctica de la psicomotricidad en las escuelas infantiles, lo que hoy conocemos
como Práctica Psicomotriz Educativa, tanto él como algunos de sus predecesores
establecieron la existencia de una relación consistente entre el movimiento y
el desarrollo de la cognición, y que la educación del movimiento no sirve sólo
para el entrenamiento del mismo, para el placer o para la salud física. Cuerpo
y mente se unen en la psicomotricidad de manera que los contenidos motrices se
convierten en medios para el desarrollo de funciones superiores como el
pensamiento, la comunicación, la afectividad o la creatividad.
Por tanto, hemos de pensar en la Práctica
Psicomotriz como una metodología que favorece que el niño experimente a través
del movimiento, perciba su propio cuerpo y construya su propia identidad,
facilitando el estímulo de los procesos que abren a la comunicación, la
expresión, a la simbolización y a la descentración, factores todos ellos
necesarios para acceder al pensamiento operacional.
De la misma manera que
las actividades físicas que se practican habitualmente en la etapa de primaria
no tienen cabida en la psicomotricidad infantil, esta práctica psicomotriz
tampoco tendría sentido en el momento en el que los niños ya han superado el
estadio preoperacional.
Los objetivos de esta psicomotricidad o
práctica psicomotriz:
Ayudar a los niños en su
desarrollo de la función simbólica (es decir, de la capacidad de
representación).
Favorecer el desarrollo
de los procesos de segurización y de descentración indispensables para acceder
al pensamiento operatorio y al placer de pensar, todo ello a partir del placer
que les proporciona el movimiento y el juego libre. Constituyendose esta
práctica psicomotriz como una práctica preventiva y educativa, uno de los
medios fundamentales para ayudar al niño a vivir más armónicamente su
itinerario madurativo.
Así, se hace
necesaria la implantación de un marco metodológico que haga todo esto posible.
Ante ello, Bernard Aucouturier ofrece una solución en forma de itinerario que
el niño recorre hacia su maduración mental, y además propone un recorrido ajustado
al proceso madurativo de cada niño, para lo que se establece una distribución
de espacios en la sala de psicomotricidad, la diferenciación de una serie de
momentos o fases mediante ciertas estrategias que dirigirán las sesiones, y
unas actitudes concretas por parte del psicomotricista, todo ello dirigido a
favorecer el paso “del placer de hacer al placer de pensar”, en palabras del
señor Aucouturier.
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